BIO:
Valentín Oliva (más conocido como WOS) es un rapero de 21 años nacido en la ciudad de Buenos Aires. Criado en el seno de una familia de artistas (su mamá es Maia Mónaco, actriz y bailarina que fue parte del cuarteto El Diablo en La Boca, y su papá es Alejandro Oliva, de ‘La Bomba de Tiempo’) se introdujo al hip hop a la edad de 13 años. Desde entonces, participó en diversos eventos de freestyle, coronándose en El Quinto Escalón, en su edición de 2016; en Batalla DeMentes en el año 2017; en la final nacional de la Red Bull Batalla de los Gallos, también en 2017; y, en su máximo logro hasta el momento en el ámbito del free: la final internacional de la Red Bull Batalla de los Gallos, en 2018.

Si bien ya había publicado canciones antes, es en 2018 cuando comienza la personalidad musical que trae hasta el día de la fecha con canciones como PÚRPURAANDRÓMEDA, las cuales prefiguran un estilo cargado de beats tétricos y de letras existencialistas.

Entrado el 2019, publica TERRAZA con un dejo más optimista en la música quizás, aunque su lírica continúa con motivos filosóficos que empiezan a dibujar también las soluciones y las evasiones que WOS propone a la angustia existencial que tanto menciona (analizaremos esto más adelante).

Hoy en día, analizar un álbum de hip hop es una tarea que se me presenta en el limbo entre la costumbre y la extrañeza. Me tiene acostumbrado porque es un género que está en todas las esquinas, en todas las radios, en todos los canales de televisión, en cada rincón de las redes sociales y que goza de una vigencia en la juventud de hoy que podría ser comparable con lo que significaba el rock para la generación anterior a la nuestra. Por otro lado, la extrañeza se me aparece, más que nada, con este formato tan olvidado por mis congéneres, y también por mí mismo: el álbum.

En un panorama musical en el cual las canciones se publican una por una, con largos intervalos entre ellas y fogoneadas hasta el cansancio con publicaciones e historias de Instagram, cuentas regresivas que descienden con una lentitud desesperante y publicidades invasivas en cada video de YouTube, el formato de álbum logra hoy una frescura que parecía haber perdido. Estoy seguro que WOS estuvo anticipando el disco para generar expectativa, pero una vez salido a las plataformas, este formato le da al oyente siete temas en lugar de uno para disfrutar. De esta manera, en vez de una misma melodía que se instala en nuestras cabezas hasta la salida del próximo ‘single’, tenemos la posibilidad de amoldar al artista a nuestro gusto personal, a nuestro estado de ánimo, a las horas del día y a los días de la semana, al bondi, al tren, al auto o la caminata. Es refrescante porque deja de lado la relación unidireccional de la música actual y nos deja interactuar con el artista, siendo nosotros los que elegimos de su paleta más variada de canciones. 

Dicho esto, voy a pasar a hacer mi humilde análisis poético-musical del LP ‘CARAVANA’, el cual me resultó un punto alto en la carrera del joven artista. Escuchándolo una y otra vez, pude sentir un trabajo que se conceptualizó y se logró de una manera deseada, pero en el cual se percibe un sutil trasfondo que, implícitamente, nos dice que este álbum es sólo el comienzo. Me parece que WOS no quiere caer en los clichés musicales y poéticos en el cual incurren la mayoría de los artistas de moda:  trap para lograrse un público fiel y más tarde reggaeton para conquistar a las masas;  letras monotemáticas y cosificantes sobre dinero y mujeres; kilos y kilos de auto-tune para enmascarar cierta falta de dedicación a la música; y provocaciones entre los artistas de siempre para exaltar al público en ‘beefs’ inexistentes. Al contrario, pareciera que Valentín Oliva quisiera demostrar que se puede hacer música bajo el rótulo de un género moderno, haciendo uso de letras construidas en la base de la conciencia social y de interpolaciones interesantes de estilos. Cada canción es un pequeño espacio de crítica y de experimentación, así que vayamos a ellas, que son mucho más interesantes que mis palabras.

CANGURO

‘Repriman la mierda que tienen guardada en el pecho’

 

Lanzado dos días antes de las elecciones PASO de 2019, este tema irrumpió en todas partes con una explícita crítica política y social, que se posicionó estratégicamente en un panorama nacional enrevesado, el cual resulta difícil de analizar sin caer en discursos polarizantes. WOS camina sobre una fina línea lírica, sin prestarse al análisis partidista, lo cual es un mérito de su poética abarcativa. En el estribillo o hook del tema, encarna a un representante político promedio: «Vamos, repriman la mierda que tienen guardada en el pecho, callen y traguen hasta estar deshechos, párense siempre derechos […] Háganme caso, ¿o no tienen claro que soy el rey? ¡Háganme caso que soy la ley!…».

La tarea de componer una canción sobre política en la Argentina del año 2019 resulta compleja ya que la realidad que atravesamos puede desmenuzarse en una cantidad virtualmente infinita de argumentos diversos, cada cual de ellos basado en ópticas subjetivas ligadas a la experiencia personal, a la influencia familiar, a la clase social, a la educación recibida, al lugar de origen, a la generación a la que uno pertenece, y a una lista de largos etcéteras. A mí entender, si bien WOS inspira parte de su crítica en algunas políticas con las cuales difiere, su principal objeto de juicio son los políticos en sí mismos. En el logrado videoclip, personifica a un estrafalario mandatario patilludo que le habla a un pequeño grupo de personas con imperativos y ademanes exagerados en un intento de subyugarlos. Sumada esta gráfica a la frase que previamente citamos, podemos inferir que la crítica está destinada a la naturaleza cínica de los políticos argentinos, quienes destrozan el pensamiento crítico de las masas con retóricas palabreras pero sin contenido, y se emborrachan de poder ante la mínima señal de obediencia: (¡Háganme caso!’).

Otro tópico que trae a la discusión en esta canción es el concepto de meritocracia:

«No para de toser, trabajando doce horas, cobra dos monedas al mes pa’ mantener cuatro personas. Y no me hables de meritocracia, me da gracia, no me jodas, que sin oportunidades esa mierda no funciona.»

Un poco más arriba, hablé de la dificultad de hacer juicios de valor en la política argentina sin caer en los manuales ya prescritos, no obstante, el discurso oficial que hemos escuchado en los últimos años de ‘el país se saca adelante trabajando‘ aparece criticado explícitamente, tanto en esta última frase como en la siguiente: (‘Y no, no hace falta gente que labure más, hace falta que con menos se pueda vivir en paz»). Me parece que no hay lugar a interpretación que quepa en estas dos líneas, y WOS ha manifestado en diversas ocasiones su disgusto con los dirigentes actuales.

En la pequeña biografía que incluí al principio del análisis, observé que para contrarrestar sus letras existencialistas, nuestro artista se vale de secciones en sus temas para mencionar evasiones al mundo que lo agobia: (‘No sé qué hora es, ni me interesa, acá son siempre 4:20 y estamos de la cabeza, con simpleza. Birra barata y mala en lata, más la planta santa esa, la que calma el cuerpo y te lo desestresa’). Mientras pronuncia estas palabras, en el videoclip podemos verlo a él y sus amigos en una plaza, interrumpidos por la inminencia de un patrullero policial que los vigila, institución a la que WOS critica un poco más adelante: (‘Fuera la yuta que meten al barrio, le tira a los pibes y les matan los sueños’). Con el regreso del político patilludo, esta vez sólo en el estrado y narcotizado por sus ilusiones de grandeza, se cierra este tema que guarda, en sus apenas tres y minutos y medio, un fuerte mensaje de Valentín Oliva, quien flamea la bandera de una sensación que nos es conocida y amarga a la juventud argentina: (‘Preguntamos bien y nadie nos dio una respuesta’).

Nótese un pequeño guiño al tema ‘Queso Ruso’ de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: (‘…fijate de qué lado de la mecha te encontrás’). Volvemos a esto más tarde.

FRESCO

…esta ciudad parece un congreso de infelices.’

Hace unos días charlamos con un amigo sobre este disco, y observamos que el artista se esforzaba por caracterizar, tanto poética como musicalmente, ciertas sensaciones y recurrencias de la vida en la ciudad de Buenos Aires para la juventud actual. Específicamente, algunas de las angustias que genera la gran masa de cemento a la que WOS se refiere: (‘El cemento caliente ya formó un desierto’) y la referencia a lo gris de la urbe porteña, que aparece en la frase elegida para el encabezado: (‘[…] pa’ cortar con estos días grises, si esta ciudad parece un congreso de infelices’). No sólo la poética hace referencias al frenesí de la gran ciudad, sino que este tema, con su ritmo bailable y moderno que me trae vestigios de Daft Punk (nótense unos vientos característicos en 0:28) y una línea de bajo destacadísima, ofrece una imagen sonora que contrapone las euforias de la noche con las angustias de la mañana.

Es que, como es recurrente en su lírica, WOS trae las evasiones de siempre, que sirven de remedio contra el vacío que produce tener tanto para abarcar y tan poco para apretar: (‘Traje ron con limón pa’ cortar con estos días grises’); y más adelante: (‘Y eso de ahogar las penas lo hacemos escabiando’). Todo aquel que haya vivido un domingo gris en una gran ciudad puede identificarse con cierta angustia representada por este artista quien, porteño hasta la médula, conoce su ciudad como pocos.

El flow con el que se mueve WOS en este tema es bestial: va a los saltos con excelencia en las estrofas (‘Salgo con lo PUEsto te oFREzco ESto que es FREsco) en mayúsculas las sílabas acentuadas-, y remata cada movimiento con estribillos que repiten motivos silábicos con una simetría premeditada para quedarse pegados en nuestras cabezas:

(‘MIE-DO, tienen los que no caminan
   JUE-GO, a caerme para arriba
FUE-GO, para quemar tu mentira’)

Con cierta influencia disco, este tema avanza a aproximadamente 110 beats por minuto, lo cual le da una predilección para caminar junto a él por la calle, imitando sus golpes con nuestro andar. Así, se asienta como uno de mis temas favoritos del disco, por su frescura, su flow y su buena vibra general.

PANTANO

«…busco respuestas: nada.»

Ya estuvimos mencionando antes la fijación filosófica de WOS con las dudas y angustias existenciales, exploradas en casi todas las canciones que precedieron a CARAVANA: (‘Fui viajando a lo profundo de mi ser y cuando quise darme cuenta ya no estaba haciendo pie’) (PÚRPURA – 2018); (‘¿De qué me sirve mentir? Prefiero sentir la angustia y el vacío de existir’) (ANDRÓMEDA – 2018); (‘…diré que me quemé por dentro cuando en serio me miré’) (TERRAZA – 2019)

La esencia de estas frases es un desconocimiento del propio ser; una sensación de que la existencia humana es vacía y superficial; una propuesta de ruptura de los preceptos sociales impuestos (‘Hay que desarmar los preceptos hechos y tirarse al mar’) (ANDRÓMEDA); un desconformismo con la mentira y la falsedad que uno utiliza como coraza para mantener los ideales de siempre. En PANTANO todas estas cuestiones se concentran y se intensifican en líneas poéticas pesimistas que dibujan las indeseadas preguntas que aparecen a la noche cuando el insomnio se vuelve vicioso: (‘Otra vez me ahoga la frazada, noches de maquineo intenso y no resuelvo nada’).

El beat que acompaña a este tema es sombrío y angustioso, lo cual habla muy bien de una producción general del álbum hecha a conciencia y bien lograda. Al proceso creativo de este LP no le faltaron detalles que, si bien podrían omitirse y no perjudicar la experiencia musical, ayudan a sumergirse en las sensaciones específicas que WOS va relatando con su poesía. Mientras avanza la canción, la falta de respuestas a las profundas dudas existenciales se vuelve una sensación espesa e incómoda, que va de la mano con acordes largos y planchados que aparecen uno a uno, con cierta timidez.

PANTANO termina abrutamente con la frase (‘Busco respuestas, nada.), dando lugar al siguiente tema del álbum, que comienza planteando una continuidad notoria no sólo de temáticas sino también de sonoridades.

MELÓN VINO

«No quiero vivir con sabor a poco»

Los tópicos centrales de la composición wosiana se siguen agudizando con frases cada vez más determinantes: (‘Estoy sentado esperando que se pase el rato, estas palabras se parecen a mi autorretrato’). La desesperación de aquel que se encuentra sólo con sus propios pensamientos, con lo estático del sueño o tal vez de la rutina. La sonoridad de MELON VINO tiene parecidos indiscutibles con lo oscuro y espeso de los acordes en PANTANO, y cuando escuché por primera vez los dos temas, espalda con espalda, no pude evitar sentir que eran, esencialmente, el mismo.

Digo esto porque el impulso armónico-melódico tiene la misma cadencia pausada y descontracturante, pero además por la continuidad de la esencia poética que inspiró la canción anterior, esta vez presentada con optimismo y redención. Aparece el amor -por primera vez en el álbum-, de manera profunda y emocional: (‘Nuestra mirada es la fuerza más linda de todas, quiero esconderme en tu pecho y que nada me joda. Dale vámonos, y perdámonos, tirame una magia y llevame en tu escoba’). El cambio de postura acerca del vacío de existir es notorio, el amor es el antídoto para las sensaciones amargas que inspiran los insomnios: (‘Cuando miremos y no entendamos nada de todo lo que ahora vemos, voy a quedarme con vos al lado, cuando todo se nos ponga feo […] Cuando lo más común pierda sentido, siempre vas a poder venir conmigo’).

Con el estribillo de esta canción (‘Tengo estudio y un colchón; tengo amigos, un montón; tengo vino y un melón, ready para el vacilón. Tengo, gano, busco, voy. Rompo todo lo que soy’) se refuerzan tres de los temas que estuvimos analizando previamente. La noción de que el amor, ya sea fraternal, romántico, platónico, filial, pasional, le da sentido a la vida (‘tengo estudio y un colchón; tengo amigos, un montón); la evasión que empuja al disfrute y puede hacernos olvidar de nuestros problemas (‘…tengo vino y un melón’); y la filosofía de replantearse y destruir los preceptos que tenemos de la sociedad y, más importante, de nosotros mismos (‘Rompo todo lo que soy’).

LUZ DELITO

«Se ve que Dios no escucha a los de su barrio»

Es hora de presentar a los músicos que acompañan a WOS en la actualidad, para sus presentaciones en vivo. Elijo este tema como espacio para ello porque es, de todos los del álbum, el que más se acerca a una sonoridad analógica, es decir, tocada con instrumentos reales. Digo que «más se acerca» porque la realidad es que este tema da la sensación de ser analógico, pero para citar las palabras del productor del disco, Facundo Yalve (Evlay):

De la nada empezamos a ver lo del Indio, y ahí hicimos una bata MIDI más real y el riff. No es que agarramos exactamente el sample, sino que tomamos la idea de la melodía del riff de “Luzbelito”. Y ahí le metimos unos bajos y un beatbox con un freestyle que tiró Wosito y ya fue.

Los artistas que acompañan a WOS en sus shows son Guillermo Salort en la batería; Francisco Azorai en teclados; Natasha Iurcovich en bajo; y CA7RIEL en guitarras.

Si bien son todos excelentes músicos, me gustaría destacar más que nada a la bajista Natasha Iurcovich, a quien ya le recalqué su bajo incisivo en la canción FRESCO, y aprovecho también para señalar la profundidad de la línea  que escribió para CANGURO; y también a CA7RIEL, a quien tuve el agrado de conocer mediante mi amigo Alan Alonso, compañero suyo de escena en la banda ASTOR, de palo más rockero. CA7RIEL es un artista de más interesante y complejo, a quien cabrá analizar más adelante, en otra review.

Sobre el principio del análisis, mencioné una referencia a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en la canción CANGURO, la frase «Fijate de qué lado de la mecha te encontrás», oriunda de la canción Queso Ruso. Indiqué que prestáramos atención, porque LUZ DELITO también contiene referencias a la legendaria banda platense, tanto en el título (que refiere al álbum Luzbelito, y a la canción homónimacomo en la musicalidad: de acuerdo con lo que aclaró el productor del álbum, el riff de guitarra está inspirado en el de la canción ricotera que habría compuesto el gran Skay Beilinson, allá por el año 1996.

En el ámbito poético, esta canción indaga un poco en la concepción de Dios y en la fe religiosa: (‘Mirala a la muchacha, cómo besa su rosario. Pide al cielo y suspira su rezo diario, pero se ve que Dios no escucha a los de su barrio’). Siempre con raíces en la conciencia social, WOS ironiza sobre la ‘presencia’ de Dios en ciertos lugares, o más bien sobre la construcción imaginaria de algo que actúa como tal, pero que realmente obedece las voluntades del dinero y de las oportunidades. Y del otro lado de la metáfora, en los barrios carenciados no existe más que la ilusión de un Dios misericordioso, o la posibilidad de que exista uno que no le interesan las súplicas de los que más lo requieren. Esto plantea ciertos paralelos con la poética ricotera, ya que el álbum Luzbelito está fuertemente influenciado por la religión. Como algunos sabrán, Luzbel es una de las tantas denominaciones del Diablo, al igual que Satanás o Lucifer. El escritor Juan Carlos Serqueiros, analista infalible de la lírica del Indio Solari, escribió un artículo sobre la antes mencionada canción ‘Luzbelito y las sirenas’, que ilustra con mucha más profundidad y erudición, el tópico religioso.

Como último apéndice de la canción LUZ DELITO, destaco la producción creativa en el primer verso: cuando WOS habla de patada del enchufe (minuto 0:53), se oye un cortocircuito eléctrico que nos trae el sonido inicial de, una vez más, la canción ‘Luzbelito y las sirenas’; y, como mención divertida pero sin referencia real, al decir ‘dedo en el subwoofer (minuto 0:56)las frecuencias graves se comen todo el espectro sonoro, generando una pequeña intermitencia. Como dije antes, son pequeños detalles que podrían faltar, pero que siempre agregan una dimensión a la experiencia musical.

OKUPA

«…no te das cuenta las noches que me aliviás…»

 

Creo que este tema es una especie de apuesta a un ritmo que no le es del todo familiar a nuestro artista de hoy. La rítmica que empuja la canción es lo más parecido al reggaeton que escucharemos en todo el álbum, y se vale de estribillos pegadizos que me traen mucho de las métricas utilizadas en el género originario de Puerto Rico. Aún así, las influencias de WOS bien pueden traerse de muchos artistas distintos: mi hermano me señaló que el estribillo de esta canción, con su contrapunto entre una voz más grave y una más aguda, sonaba como si pudiese ser del Cuarteto de Nos (minuto 0:33). Ambas observaciones podrían contradecirse, sino fuese por el carácter flexible y fusionable de la música actual. Agregando a esta ecuación un poco de versatilidad artística, se pueden amalgamar una cantidad variada de estilos sin perder la esencia o las cualidades originales.

En OKUPA vuelve a aparecer el amor, esta vez no tanto en una forma sentimental, sino más bien como fruto de la pasión y el arrebato de sensaciones que produce una conexión con otra persona. (‘Somos inmortales cuando nos miramos fijo’). No quiero decir que lo sentimental esté excluido, lo cual sería improbable tratándose del amor, pero este rasgo aparece reflejado en frases más casuales como (‘Con vos todo es más simple, te vi un rato y se me fue lo triste’).

Más interesantes son aquellas líneas en las cuales se describe el fuego emocional: (‘Y qué ansias de volver, de volver a hacerte estremecer’); y otras como (‘…me dejas que delire, que saque mi alma de tigre’). Todo esto se presenta bajo una incógnita que sobrevuela muy seguido las camas cuyos encuentros son voraces e intensos: (‘No sé de quién es la culpa’).

La frase principal del tema (‘Había lugar en tu cama y me volví un okupa‘) es mi favorita. Juega con la definición real de la palabra ‘okupa’, la cual implica que la persona en carácter de tal, se instala en un lugar sin derecho a ello. Conscientes de esto, existe una ley no escrita, un pacto de silencio, una complicidad que permite a los amantes romper la regla y arriesgar a lo prohibido.

NO VA A BAJAR

«Se volvió corrupta la luz que hay en mí»

Pequeño paréntesis: destaco la producción creativa, que unió 4 videoclips (FRESCO; PANTANO; OKUPA; NO VA A BAJAR) en un timelapse que reúne a WOS y sus amigos en un campo desde el comienzo del atardecer hasta la noche, con la famosa CARAVANA que da título al álbum como protagonista.

Hemos llegado al final de esta review. Transcurre un sábado lluvioso en el momento en que escribo estas palabras, y siento el fervor de todos los sábados, el de compartir una cerveza con amigos, como para celebrar el final de este artículo. Es que, todo final puede ser excusa para el brindis, y WOS cierra este álbum con la misma filosofía, cantando sobre la noche y el alcohol.

Cuando dije que este disco parecía la banda sonora del Buenos Aires de 2019, pensé más que nada en este último tema: clara imagen de la noche porteña, con todas sus vorágines. Hay ciertas referencias claras (‘…de gira saliendo pa’l chino a comprar’), que aluden al lugar más frecuentado por los jóvenes porteños para abastecerse de alcohol llegada la noche; y otras, que dejan lugar a interpretación (‘Vomito brea, la oscuridad coimea y se volvió corrupta la luz que hay en mí.). Podría hacerse una lectura que involucre la ingesta de drogas, pero está fuera de mi autoridad clamar tales cosas sin tener evidencias de ello. Lo que sí aparece de forma clara, es la idea de la noche y el alcohol como máscara de sensaciones de agobio: (‘Maldita esa sonrisa, que va de punta a punta y camufla depresión pa’ que no me hagas preguntas’); y también: (‘Me voy a reventarme así nadie se entera quién soy’).

Es un cierre conceptual un poco oscuro, pero que cabe perfectamente en un álbum que no intentó ser vehículo de felicidades. Al contrario, WOS se enorgullece de presentar su verdad sin tapujos ni rodeos, poniendo el foco sobre una generación consumida por la ansiedad, por los vicios, por las expectativas ajenas, por el miedo al fracaso, por la soledad o la mala compañía, por el culto a las apariencias y la superficialidad. De esta manera, con un mensaje cargado de negatividad y depresión, nos ofrece su música como espejo, como forma de reflexión introspectiva, para poder examinar todo aquello que él define y moldea, para erradicarlo de nuestras vidas. Personalmente, veo este álbum como un tributo a la redención artística, compuesto bajo la idea de que es mejor escribir lo que nos oprime, cantarlo, gritarlo para poder eliminarlo. Así, WOS construye una plataforma en la que vuelca sus miserias para dimensionarlas, tomar distancia de ellas y verlas desde otro punto de vista, y de esta forma poder apreciar lo pequeñas que son, comparadas con nuestro espíritu.

GRACIAS,

primero que nada a mi hermano Pedro, cuyo conocimiento del mundo del hip hop ha sido de gran ayuda para escribir sobre este artista, al cual conocí más profundamente gracias a él. A mi gran amigo Huevo, que incansablemente me corrige todo lo que le mando, y opina siempre desde la crítica constructiva. A vos, si te quedaste leyendo hasta el final, por darme la oportunidad de mostrarte mi opinión acerca de la música, que es mi pasión mas grande. Nos vemos la próxima. 

 

Santiago González Carretero – 12/10/2019