Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006): 9/10
En el post pasado hice una review de Tercer Arco, un buenísimo álbum de Los Piojos, en la cual mencioné cierto tema de Arctic Monkeys que compartía temática y nombre con otro cierto tema de Los Piojos. Y hoy, dejando quizás para más tarde esa simple comparación que sirve como pie para esta siguiente review, les traigo mi humilde opinión sobre este gran disco titulado «Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not» o, para hacernos la vida más fácil: WPSIATWIN en su versión de acrónimo.
Publicado a principios de 2006, este disco podría traducirse (argentinizarse) a algo más o menos como: «Lo que sea que la gente diga que soy, es justamente lo que no soy» y es un título bastante poderoso porque les da a nuestros oídos una especia de premonición del material que se está por escuchar. El nombre es un tanto antipático, ya de buenas a primeras demuestra que a la banda la opinión popular les importa tres carajos y que la música que va a haber dentro de este LP va a mostrarse sin censura y sin pelos en la lengua. Es una muy inteligente y muy entretenida (y muy ácida) crítica a la vida nocturna inglesa, más precisamente a los que nuestros muchachos de Arctic Monkeys vivieron en su ciudad natal de Sheffield, al norte de Inglaterra.
Me gusta pensar -y creo estar en lo correcto-, que WPSIATWIN es un álbum enteramente conceptual. Sí, así como The Wall o Tommy, este disco ahonda y escarba mucho en las miserias de un submundo que empieza cuando cae el último rayo de sol sobre Sheffield y la ciudad se cubre de oscuridad. Nos cuenta, canción a canción, los diversos paralelos que hay entre los personajes de la noche sheffilidiana y que, gracias a a la versátil lírica de Alex Turner, también retrata casi a la perfección algunos aspectos de la vida nocturna acá mismo en Argentina o allá lejos, que se yo, en Ucrania. Lo digo así, englobando, pero es por una muy buena razón: si escuchamos y analizamos las letras de este disco, podemos encontrar similitudes a experiencias que hemos tenido que vivir lidiando con ciertas situaciones o personajes en una de esas noches que nos aventuramos fuera de la casucha. Tiene estrofas sumamente inteligentes y burlonas, que satirizan a más no poder la banalidad de la vida dentro de los bares y los boliches. Pero, sin más preámbulos, vayamos tema por tema.
El disco abre con el clásico «The View From The Afternoon». Y dejenme decir un par de cosas antes de arrancar. Primero que nada, este fue el álbum debut de Arctic Monkeys, esta canción en particular fue lo primero que muchísimas personas escucharon y relacionaron directamente con el nombre de esa banda. El tema en sí nos adelanta un estilo de música ligero y que usa y amasa los riffs a dos guitarras, con baterías fuertes y tiempistas y un bajo que rebota frenéticamente en la parte de atrás. No estoy generalizando acá, es en serio, Arctic Monkeys tiene un muy definido estilo indie y hace que su música sea tanto original como fácilmente reconocible. Segundo, se nos presenta la quebrada y genial voz del adolescente Alex Turner (quien era literalmente un adolescente ya que cuando editaron este álbum tenía apenas unos tiernos 19 años) y el particular estilo con el cual articula las palabras se te queda grabado en la cabeza. Con un fuertísimo acento norteño, Turner se hace paso en las canciones de una forma maravillosa porque pareciera que su tono de voz joven y desinteresado le agrega un dejo de ironía a las letras que él mismo ha compuesto, y hacen de todo ello una gran amalgama. La canción, más que ser una genialidad en sí, es el perfecto spotlight para quien sea que te pregunte «¿cómo suenan los Arctic Monkeys?».
Tras el frenesí, se nos viene aún más polenta con el famosísimo «I Bet That You Look Good On The Dancefloor». Seguramente el tema más conocido de este disco y posiblemente de los Monkeys. Un potente doble-riff de los que ya hablamos, una aún más potente batería y un Turner que rima brillantemente y tira referencias a canciones viejas, todo mientras la banda le va coreando «You’re dynamite!» en la parte de atrás.
No quiero perder tanto tiempo con el ya re contra quemado tema de arriba para pasar a uno que si bien es muy conocido, tiene un groove tan genial que no deja de cansarme aún tras haberlo escuchado cientos de veces, y ese es «Fake Tales of San Francisco». Si querían otro gran ejemplo de dos guitarras haciendo algo simple pero fusionándose en un riff compuesto, «Fake Tales» es el que tenés que mostrarle a tus amigos. Y si saben inglés, aún mejor, porque en esta canción creo que empieza a verse la conceptualización de los Arctic Monkeys, ironizando y ridiculizando a los demás con una soberbia completamente merecida. Porque este tema refiere a aquellas bandas de artistas wannabe que quieren abrirse paso en el mundo de la música llamándose a sí mismos nombres mucho más grandes de los que merecen, o si bien, contando sin ningún tipo de remordimiento anécdotas falsas (Fake Tales) en lugares donde nunca en su puta vida han estado (San Francisco, en este caso). Mirá si no habrá acá mismo gente de ese estilo, los Monkeys escupen amargamente sobre estos artistas de segunda y se la rematan con «You’re not from New York City, you’re from Rotherham». Más claro echale agua.
El álbum continua a toda marcha con el movido «Dancing Shoes», un favorito personal. Siguen las baterías pegadoras, esta vez con un bajo más saltarín y coros gritados (marca registrada de WPSIATWIN), sumados a la guitarra de Turner que marca un clásico riff indie mientras pareciera que va narrando el proceso de cortejo (o de levante, más en criollo) dentro de los clubes norteños, no solo como perpetradores, sino que los Arctic Monkeys se ríen a carcajadas nuevamente, haciendo de espectadores en los numerosos intentos fallidos de los pobres diablos atrapados por la dulzura de las chicas que, a sabiendas, los hacen calzarse sus «Dancing Shoes» y los ponen a bailar a su manera.
Amantes de la velocidad y de los acordes en quinta, los Monkeys se aventuran dentro de «You Probably Couldn’t See for the Lights But You Were Staring Straight at Me». Gigantesco título para tan pequeña canción, ya que sólo dura poco más de dos minutos, y a mí me gusta verla como una continuación del proceso de cortejo que se vio en «Dancing Shoes» por su temática, pero esta vez pareciera que Alex es el protagonista de los intentos fallidos ¿quién lo diría, no?. El título del tema aparenta ser un pretexto que tuvo que inventar el cantante tras la desaprobación de la chica, excusándose tras «Quizás las luces te estaban cegando, pero te juro que me estabas mirando directamente a mí».
«Still Take You Home» (único tema del disco en el cual Turner tuvo un co-creador: el guitarrista Jamie Cook) viene con toda la fuerza para cerrar este pequeño episodio de 3 canciones que hicieron los Arctic Monkeys para retratar el aire promiscuo que se vive dentro de los clubes, esta vez poniendo a la mujer deseada por todos en una posición criticable, ya que disfruta de la calentura masiva haciéndoles comer de sus manos a los inocentes muchachos que se idiotizan por su belleza artificial y su «falso bronceado», incluído el mismísimo Turner que, de todas formas, recurrirá a un instinto un tanto animal y se aprovechará de la ignorancia de la chica para llevársela a su casa. A fin de cuentas, sermonea él mismo que si le vendiste tu alma a la moda para tener cierto levante en un boliche, no vales tanto como crees. Véase el interludio de este tema más o menos por el minuto 1:50 y apréciese los coros.
«Riot Van» es un temazo. Me enternece un poco la rebelión que esta canción demuestra mediante una historia en la cual la policía aparece abruptamente y, aunque los chicos no han hecho nada malo, salen corriendo simplemente para cagárseles de risa. También meten un par de sus ácidos comentarios acerca de cómo los «boys in blue» no se preocupa por los verdaderos maleantes, si no por pibes que están en una esquina tomándose algunos escabios. Pero no importa ahora, los metieron a la fuerza en la Riot Van (furgoneta antidisturbios, traducido vagamente) y los cagaron un poco a palos. Aquí parece que los Monkeys hicieron una especie de smoking break musical llegada la exacta mitad del disco, y pelaron un tema bien tranqui.
Me encanta la onda que tiene «Red Lights Indicates Doors Are Secured». Un tema que rebota a un tempo muy agradable y va contando las peripecias que tiene que vivir el norteño promedio al salir del club y aventurarse a conseguir un taxi que lo lleve a su casa. Yo les dije, el disco no escatima en detalles cuando se trata de categorizar cada una de las situaciones nocturnas. En lo personal creo que me ha gustado tanto el álbum por esto mismo, la originalidad de plasmar aspectos de la juventud que quizás nadie había cubierto aún, y menos en un disco entero. Si bien la banda se dio el gusto de irse un poco de tema en alguna que otra canción, conceptualizaron de una manera tan destacable y a una tan temprana edad que estoy seguro que a nadie le tomó por sorpresa la voracidad con la cual los Arctic Monkeys se catapultaron a la cima en menos de un año.
Si recién dije que había un momento del disco que se sentía como un smoking break musical, bueno, «Mardy Bum» es el smoking break conceptual. Acá la banda toma un pequeño descanso de la idea general y se deciden a hacer una pequeña canción de amor. Digo pequeña como forma de diferenciarla del resto, porque no es el clásico tema meloso que pasarían por la radio, sino que Turner canta porque está hinchado las pelotas ya que su novia está constantemente de mal humor. Parece gracioso, incluso lo es un poco, pero también es interesante. La palabra «mard» es un neologismo originario de Manchester (a 60 kilómetros de Sheffield) que hace alusión a una persona difícil o caprichosa. «Mardy Bum» vendría a ser una forma cariñosa de llamar a una persona que no para de hacer berrinches. Es divertida la forma en como se desenvuelve la letra de este tema, con Alex intentando tener tacto y no ofender a su chica mientras le explica lo cansado que está por tener que lidiar con sus constantes malhumores. Mientras la canción va subiendo musicalmente, también él intenta hacerle recordar los viejos tiempos, cuando ella no era tan amante de las discusiones y de las caritas de perro. Qué ternura este chabón che.
«Perhaps Vampires is a Bit Strong But…» es el título del décimo tema del álbum y marca el comienzo del camino hacia el final. Si bien musicalmente este tema no es el que más me gusta, tiene una letra que identifica y mucho en el mundo del rock under. Los «vampiros» en este caso vendrían a ser aquellos que inicialmente se reían de las fantasías de Turner y sus compañeros de triunfar con la música, pero tras enterarse de que se han subido a una gigantesca fama, intentan colgarse de ellos, chupándoles la sangre metafóricamente. El cantante, de todas formas, aclara en esta canción que él «no tiene un símbolo de dólar en los ojos / te puedes sorprender pero es verdad / no soy como tú», asegurando que el dinero no era una prioridad en la cabeza de ninguno de los Arctic Monkeys. Los «vampiros» no pueden concebir la idea de estos pibitos viajando, tocando y ganando tanta plata, se muestran anonadados por un momento y comentan «no se puede creer que hayan viajado hasta allá / y? cuánto les pagaron? / se tendrían que haber quedado haciendo como nosotros / pensando en muchas cosas pero nunca haciéndolas». Quizás sea el eslabón débil del álbum en cuanto a lo musical, pero el mensaje es uno de los más claros y fuertes.
Al principio de la review dije que había una similitud entre un tema de Arctic Monkeys y uno de Los Piojos que siempre me había llamado la atención. Y ese es «When The Sun Goes Down». Es muy curioso, porque los títulos de ambos temas refieren una misma parte del día: el atardecer. Y aún más curiosamente, ambas canciones hablan de exactamente lo mismo: la prostitución. Quizás desde diferentes puntos de vistas, pero es una comparación que me pareció notable. En este tema, a diferencia de «Al Atardecer» de Los Piojos, habla un poco menos sobre la vida de las prostitutas y más sobre aquella «escoria» (así se refieren a ellos en el disco) protagonizada por los proxenetas que le manejan el laburo a las prostitutas, así como también de la clientela que le importa poco y nada abusar de las necesidades de mujeres que -claramente- están paradas en una esquina congelándose muy contra su voluntad. Perdonen que me fui un poco de lo estrictamente musical en esta review, lo que pasa es que este álbum es profundizable quizás más en su temática, su contenido poético y sus críticas sociales. Si bien WPSIATWIN es mucho más que decente musicalmente, es natural que al escribir sobre él, la cabeza me tire más para el lado de la conceptualización, sepan disculpar.
Con eso dejado en claro, puedo pasar sin culpa a «From the Ritz to the Rubble» que es una gran, gran canción, quizás mi favorita en todo el disco. Musicalmente, para dejar a todos contentos, tengo que comentar que es impecable: un bajo muy inteligente, una batería que logra con facilidad meterte en un tempo frenético, guitarras simples por momentos y pelando buenísimos riffs en otros y la voz de Turner quebrada y chillona como me gusta escucharla. En lo conceptual, me gusta aún más: primero que nada, habla de la agresividad arbitraria y desconsiderada de los personajes que acá en Argentina denominamos «patovicas» y luego complementa con la idea de aquella sensación de que todo lo que pasa en una noche de excesos parece tener mucho sentido en el momento, pero cuando el alcohol se va del cuerpo uno se da cuenta de que la chica con la que te fuiste quizá no era tan linda como la recordabas y que las conversaciones que mantuviste tan acaloradamente no tenían razón de ser. Una sensación algo amarga, por supuesto, pero en el tema está descrita de forma tan perspicaz que no puedo evitar recordar con gusto alguno de los momentos que me sentí de esa forma.
¿Ustedes saben qué son los «chavs»? Porque «A Certain Romance» (el último tema de WPSIATWIN) está dedicado íntegramente a ellos. Les doy un pequeño sumario de qué representan: son una subcultura de jóvenes británicos que visten de una determinada forma, generalmente son de clase obrera y suelen ser personas altamente agresivas y altaneras. No encuentro un sinónimo adecuado en nuestro país como para darles de punto de referencia, pero eso es lo que representan los chavs. Es interesante, porque el título de esta canción parecería que hace referencia a una canción de amor o a algo un poco más melancólico de lo que puede ser la descripción crítica de una tribu urbana, pero no, en realidad hace alusión a la falta de «romance» que se ve en este tipo de personas. Romance no en el sentido literal, si no la palabra como sinónimo de cierta profundidad emocional o cultural que escasea en personas de este estilo. Turner se molesta por la falta de inspiración o de belleza artística que esos tipos manejan, y que sobre todo porque ellos están felices de que así sea.
Bueno, perdón si se hizo un poco largo, pero he escuchado este disco tantas veces y leído tanto acerca de él que no puedo evitar dejarme llevar por todos los pequeños detalles que esconde esta obra maestra de un par de muchachos británicos que no superaban los veinte años. Acá les dejo, para que vayan escuchando si no lo han hecho aún, el disco completo.
Un abrazo, Santiago.